Estamos en el año 1860, en una ciudad del oeste Americano, donde la monotonía reina. Se oye un coyote aullando en algún lugar en la distancia. El día está llegando a su fin cuando un hombre baja con su caballo de una montaña hacia la ciudad, llamada Dodgeville. La ciudad se caracteriza por sus cliches: están las casas de adobe con el sol pegando en sus paredes. La ciudad parece sacada de una novela del más oeste americano clásico donde el sheriff está sentado en su porche mirando a ver si alguien entra en su ciudad. Todo esto y más forman parte de un escenario perfecto para una película del Western de Hollywood más típico, donde sin duda hay juegos de poker.
¿Es el poker algo indispensable en las películas del Oeste? Lo que sí que es un hecho es que este juego da un cierto toque de atracción a estas películas. Pone en el juego a los buenos y a los malos, y además termina con el showdown, como si se tratara de una de esas batallas en las que los cowboys sacan sus pistolas rápidamente tras dar unos cuantos pasos en dirección contraria, y muere el malo. Todo ello es una cuestión de rápidez, sin duda, pero también hay una cuestión de suerte, como por ejemplo que no se encasquille la pistola. Todo ello comparable al juego del poker.
Hollywood ha arropado al poker en todas sus películas del Oeste. Desde luego que estas películas no son un sitio para aprender a jugar al poker, cualquiera que haya jugador al poker alguna vez, ya sea Texas Hold’em, Stud Horse poker o Omaha, se dará cuenta de lo ridículo de los juegos en los que se juegan en las pelis. Pero esto no quita el ambiente tan atractivo que crean los jugadores de poker en los salones de poker. Si miramos a Maverick por ejemplo, dirigida por Richard Donner en 1994 con Mel Gibson como actor principal, es una película simple que une ambas cosas, el Oeste y el Poker. Puede que no sea una de las películas más maravillosas, pero sí que consigue divertir y nos da una idea de cómo eran las cosas hace unos años en la época de los indios y los vaqueros.
Pero el juego en las películas del Oeste es una cuestión de hombría: los hombres se miden a sí mismos con los hombres como Gary Cooper, John Wayne o Clint Eastwood. Esta idea del hombre fuerte y osado, sin ningún tipo de responsabilidades y que se puede permitir apostar todo en una mano lleva a volverse locos a los hombres. Pero en realidad no es más que una forma de poder escapar de la realidad. Sin embargo, durante un juego de poker, cuando se llega a la mano final, es como si se vieran con el revolver en la cartuchera apunto de desenfundar. Un juego que mueve muchos sentimientos y que ayuda a tener una gran experiencia con la imaginación.